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Cinco claves para diferenciar una aceleradora de un vivero de empresas

Para distinguir una de la otra es necesario abordar cinco ámbitos fundamentales: duración de la estancia, promotores de la iniciativa, experiencia en grupo, tipos de proyectos e ingresos y sostenibilidad financiera. El informe de Funcas sobre ‘Los servicios que prestan los viveros de empresas en España’ aporta las claves para saber diferenciarlas

¿Qué diferencia hay entre una aceleradora y un vivero o incubadora de empresas? ¿Ofrecen los mismos servicios? ¿Qué exigen a las startups que quieran incorporarse? En más de una ocasión no está muy clara la diferencia entre una y otra. El informe ‘Los servicios que prestan los viveros de empresas en España. Ránking 2017/2017’, elaborado por Funcas, un think tank dedicado a la investigación económica y social y que forma parte de la obra social de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), ayuda a despejar alguna incógnita sobre las diferencias entre aceleradora y vivero. Queda claro que “existe muchas similitudes” entre aceleradoras de empresas y viveros. En ocasiones los servicios que ofrecen son muy similares y equiparables. Para diferenciar una de la otra hay que abordar cinco dimensiones que son claves.

Duración. Los programas de aceleración tienen una duración definida. “Establecer y marcan una fecha exacta de graduación reduce la dependencia que pueda generar una empresa con el programa forzándola a enfrentarse al mercado”, asegura el reciente informe de Funcas. Las aceleradores sirven no para garantizar la supervivencia de un proyecto empresarial sino más bien para acelerar el proceso natural del ciclo de vida de una empresa hacia un rápido crecimiento o, por el contrario, hacia el fracaso. Por el contrario, los programas de incubación en viveros tiene un carácter más a largo plazo, por lo general de uno a cinco años. E incluso puede no tener un límite de tiempo definido.

Promotores. La mayor parte de las aceleradoras de empresas son impulsadas por iniciativa privada que, en muchos casos, adquiere un porcentaje de participación de las empresas que se incorporan a la aceleradora o aportan capital para sus primeros pasos. Las incubadoras o viveros, por el contrario, cuentan en su mayoría con promoción del sector público. Y no existen vínculos accionariales entre la entidad promotora del vivero y las empresas que ahí se instalan.

Experiencia en grupo. Las convocatorias de las aceleradoras de empresas tienen una fecha establecida. Todas las empresas aceptadas entran y abandonan el programa al mismo tiempo. Las empresas crean fuertes vínculos entre unas y otras y se genera al mismo tiempo un sentimiento de unión. Las incubadoras o viveros registran rotación de proyectos. No todos empiezan o se gradúan a la vez. La aparición de sinergias es más complicada pero también suele darse, al permanecer mucho más tiempo juntas en un mismo espacio.

Tipos de proyectos. Las aceleradoras aceptan proyectos de base tecnológica, innovadores y rompedores. Buscan capacidades de crecimientos exponenciales y escalables, según destaca el informe elaborado por Funcas. En cambio, los criterios de selección de los viveros son más laxos, no son tan restrictivos. Y tienen en cuenta otros aspectos como la inducción de empleo del proyecto o la diversificación que introduce en el territorio.

Ingresos y sostenibilidad financiera. Los ingresos de los viveros de empresas provienen del alquiler de las oficinas y servicios que ofrece. La viabilidad de las aceleradoras está en la aportación de las entidades que promueven esa iniciativa.

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